Como te Relacionas ? Así Eres…

Relaciones Personalidad

Como te Relacionas ? Así Eres…



El ser humano es un ser social. Desde que nace, necesita relacionarse con su familia, con sus amigos y con su pareja. Los vínculos afectivos son los pilares del corazón, pero en una sociedad de seres individuales, en la que reina el trabajo y el estrés, encontrar el amor puede resultar muy difícil.

De estos y otros problemas como el maltrato a la mujer, el vínculo entre una madre y su hijo, o el consumismo como sustituto afectivo habla el psicoanalista Pablo Palmero.

El maltrato físico y psicológico, la desconfianza irracional, la competitividad enfermiza, el miedo al compromiso, e incluso, el consumismo impulsivo como sustituto afectivo son algunas de las situaciones habituales en las que cualquier persona puede verse envuelta en un algún momento de su vida. Situaciones que si se miran con detenimiento, se aprecia un problema afectivo mucho más profundo, fruto del vínculo paterno-filial.

Así lo explica el psicoanalista Pablo Palmero en “Dime cómo te relacionas y te diré quién eres”, un libro de autoayuda en el que el escritor explica, con un lenguaje “muy preciso y sencillo”, que la falta de afecto y cariño durante la niñez repercute en los adultos a la hora de relacionarse con otras personas de su entorno.

“El ser humano tiene una dimensión relacional que es importantísima. El vínculo que nos une con nuestros padres es el elemento crucial para entender cómo nos construimos como personas y cómo llegamos a ser lo que somos”.

LA IMPORTANCIA DE LA RELACIÓN PATERNO-FILIAL

Los adultos se relacionan con el resto de la gente de su entorno de una manera determinada. Esa manera tiene su origen en cómo haya sido su vínculo con sus padres en su niñez.

“La crianza es el proceso vital que requiere más delicadeza, cuidado y respeto de todos los que el ser humano ha de afrontar”, sostiene el español.

En las sociedades modernas, en las que ambos cónyuges trabajan, resulta difícil encontrar tiempo para cuidar a los hijos, por lo que se acude a menudo a la ayuda de niñeras y cuidadoras que se hagan cargo de la educación de los más pequeños, que a la larga pueden hacer más mal que bien al menor.

“Para ser padre hay que estar conectado con las necesidades de los hijos y eso duele, porque esas necesidades nos ponen en contacto con las necesidades que no hemos podido satisfacer y ahí aparece mucho vacío. No es que los padres no quieran estar con sus hijos, sino que inconscientemente tienden a poner más sus prioridades en cuestiones laborales que en la crianza”, afirma Palmero.

“Conozco muchos padres y madres que inicialmente tienen muy buenas intenciones pero que a los tres o cuatro meses la situación les supera y se buscan padres sustitutivos, guarderías y demás, porque no pueden. Eso es dramático y las consecuencias son terribles”, añade.

Para tomar una decisión tan crucial como la de tener un hijo, Palmero señala que es esencial analizar el entorno económico pero también afectivo en el que está la persona, su relación con su pareja, su estabilidad emocional y sus recursos, porque si no, “el que acaba pagando el pato es el niño”, indica.

En este sentido, el español no rechaza la posibilidad del aborto pues, explica, que en los casos en los que la madre es muy joven y no está en condiciones de traer al mundo una nueva vida, “el aborto es una posibilidad a tener en cuenta”.

“Son decisiones duras pero en un momento dado pueden ser necesarias para las dos vidas, tanto para la madre como para el niño. El hecho de dar a luz no significa que se esté en condiciones de cuidar esa vida y de que el niño vaya a criarse en las condiciones necesarias para tener una dignidad. El aborto esta ahí es posibilidad a tener en cuenta”, afirma.

EL MALTRATO MACHISTA

En los últimos años se ha incrementado el número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas en todo el mundo. La violencia machista es una lacra que se cobra cada año cientos y cientos de vidas y que, lejos de erradicarse, parece ser un fenómeno con mayor presencia en las sociedades modernas del siglo XXI.

Expertos, analistas y organizaciones feministas contra la violencia machista han señalado la dependencia económica, el miedo y la educación como posibles razones que expliquen por qué las mujeres que sufren abusos y vejaciones, deciden llevar una vida de sumisión al lado de su maltratador en lugar de denunciarle.

Razones que, según Palmero, están muy lejos de la verdad.

“Las relaciones destructivas, las que acaban llevándonos a situaciones de sufrimiento o de maltrato acostumbran a suceder dentro de una base que ya tenemos”, subraya el español.

Es decir, Palmero considera que las situaciones en las que uno de los dos cónyuges ejerce el maltrato físico o psicológico contra su pareja, se debe fundamentalmente a que ya ha vivido anteriormente una situación parecida.

“El que maltrata ya ha sido maltratado anteriormente, física o psicológicamente, y como no puede dejarse sentir ese daño que lleva dentro porque sería muy traumático, lo expulsa, y culpa a la otra persona del daño que siente. El maltrato es una negación del abuso que uno lleva dentro”, afirma.

Pero al momento matiza: “Eso no significa que si uno pega es que le hayan pegado previamente. Hay infinitas formas de maltrato, la mayoría son o muy sutiles, como es el caso de las manipulaciones y las agresiones que se hacen desde la buena intención, eso de ‘lo han hecho por mí’ o ‘me gritan porque no quieren verme sufrir’”.

Y lo mismo ocurre en el caso de las mujeres que aceptan dicho comportamiento. Según Palmero, estas mujeres ya han vivido en su infancia situaciones de maltrato por parte de sus familiares.

“Cuando nos hemos crecido en un entorno de actitudes prepotentes, manipulaciones, críticas y formas de querer que no son sanas, interiorizamos esos registros y los aceptamos en nuestras parejas como si fueran algo normal”, apunta.

“Si esa mujer dejara sentir el daño que le produce su pareja cuando le agrede, conectaría con un daño mucho más profundo, que tiene que ver con cómo se ha vinculado a la vida a través de su familia. Se daría cuenta de que no sólo está siendo maltratada ahora, sino que lo ha sido toda su vida, y eso es lo más desestructurante que hay”, añade.

EL CONSUMISMO COMO SUSTITUTO AFECTIVO

En sociedades en las que el trabajo y el estrés reinan y en las que los individuos son cada vez más autosuficientes, reservar un hueco para las amistades, la pareja o los hijos puede ser una odisea.

“El mal que todos compartimos es una enfermedad llamada falta de amor“, afirma.

Sin embargo, el ser humano es un ser social, necesita relacionarse y recibir cariño.

“Vivimos repletos de vacíos afectivos, estamos llenos de agujeros afectivos que aun están por satisfacer y esos vacíos duelen”, sostiene.

Cuando la persona toma conciencia de esos vacíos y de la imposibilidad de cubrirlos, el consumismo irracional y compulsivo parece ser el sustituto ideal con el que disfrazar esas carencias.

“Una manera de llenar esos vacíos es mediante objetos, mediante fantasías y promesas que nos venden, y que creemos que nos va a dar la calma y la paz que anhelamos”, señala.

Es en estos casos en los que entra en juego el poder de la publicidad.

La publicidad influye de manera considerable en las conductas y en los hábitos de consumo de la sociedad. Conecta directamente con las emociones del ser humano, con sus valores, y presenta un producto como la solución infalible a cualquier necesidad.

“A menudo, la publicidad se mezclan con la felicidad, con promesas de tener una pareja muy guapa, o aumentar las conquistas sexuales, mensajes que se asocian al producto que son falsos, pero que los acatamos y nos gustan, porque preferimos creer”, sostiene.

Pero no sólo los adultos abusan de los objetos para suplir sus propias carencias afectivas, sino que Palmero condena que los adultos lleven a cabo esta práctica también con los niños.

“Cuando el niño empieza a pedir y el padre no puede estar con él, empieza a regalarle sustitutivos para despistar, y los niños, a falta de algo mejor, se acogen a eso. Lo peor es que poco a poco se van incorporando a esa farsa de la publicidad engañosa y del consumismo que nos consume”, concluye.

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